La primavera la sangre altera y que verdad es, al menos en muchos casos, yo la espero como agua de Mayo y resulta que cada año me trata peor. Llega cargadita de polen que se me hace insoportable, me produce cansancio, congestiones, me altera el ánimo, se que tengo que luchar y no dejarme abatir, por eso he decidido buscar un sitio donde no haya muchos árboles y me pueda relajar unos días. Buscando un sitio, se me ha venido a la cabeza un recuerdo de un viaje del año pasado, ahora os cuento.
Fuimos agraciados con un fin de semana en una casa rural en la montaña
para cuatro personas, cerca de Aguilar de Campoo (Palencia) y ese mismo fin de semana, teníamos una fiesta en Ponferrada (León). Pensamos, de momento nos vamos a Ponferrada y luego Dios dirá.
Total que llegó ese fin de semana y el viernes a eso de las cinco de tarde nos pusimos en camino. Llegamos a Ponferrada justo para la fiesta que duró hasta las tantas de la madrugada, con lo cual dormimos solo unas horitas. Yo estaba empeñada en ir a la casa rural y los demás decían que
ni de coña, que con lo bien que estábamos allí que me olvidara de ello. Pero me salí con la mía, con un sueño de aquí te espero nos hicimos mas de doscientos kilómetros por carreteras secundarias, luego por un camino de cabras como ocho kilómetros y por fin vimos una casita solitaria, nosotros pensábamos que por lo menos estaría en un pueblo pero no, estaba en medio del campo. Ya os he comentado en alguna ocasión que soy bastante miedosa, ¡Qué miedo dormir en una casa en mitad de la nada!!!!
La casita era de piedra, pequeñita, no tenia ni jardín, o sea, que estabas dentro de casa o en el campo. La casa estaba decorada con muy buen gusto, además parecía la casita colorín, sabanas, toallas y toda clase de telas de Ágata Ruiz de la Prada. Una cosa que nos llamó la atención fue que había una serie de carteles que decían cosa del tipo: “Dejen todo tal y como lo encuentren” “Hay que regar los geranios todos los días”……. En eso estábamos pensando, en pasar unos días de relax para ir a regar los geranios……
Estuvimos investigando por allí cerca, y había dos caminos, uno que te llevaba hasta otra casa rural como a unos tres kilómetros, y otro que te llevaba a la civilización, un pueblo llamado Aguilar de Campoo donde prácticamente pasamos todo el tiempo, ya que es un pueblo muy bonito de montaña con pantano incluido.
Cansados de dos días interminables, nos fuimos a la cama. Pero fue acostarnos y empezar a escuchar sobre los techos, que eran de madera, unos ruidos muy raros y continuos, como que rascaran y rascaran el techo. No sabía ni que pensar, parecía que cientos de ratas pasaran sobre nuestras cabezas. Yo me tapaba la cabeza con las sabanas de la Ágata hasta casi asfixiarme, que nochecita de verdad si lo llego a saber me quedo en Ponferrada. Al día siguiente nos levantamos y el suelo de los dormitorios estaba llenito de montoncitos de serrín, de todo lo que trabajaron esos bichos llamados termitas, ¡menos mal que no eran ratas!!! Terminé odiando la casita del colorín.
Total que volvimos a casa más cansados que cuando nos fuimos, lo que es la vida……..
Fuimos agraciados con un fin de semana en una casa rural en la montaña
para cuatro personas, cerca de Aguilar de Campoo (Palencia) y ese mismo fin de semana, teníamos una fiesta en Ponferrada (León). Pensamos, de momento nos vamos a Ponferrada y luego Dios dirá.Total que llegó ese fin de semana y el viernes a eso de las cinco de tarde nos pusimos en camino. Llegamos a Ponferrada justo para la fiesta que duró hasta las tantas de la madrugada, con lo cual dormimos solo unas horitas. Yo estaba empeñada en ir a la casa rural y los demás decían que
ni de coña, que con lo bien que estábamos allí que me olvidara de ello. Pero me salí con la mía, con un sueño de aquí te espero nos hicimos mas de doscientos kilómetros por carreteras secundarias, luego por un camino de cabras como ocho kilómetros y por fin vimos una casita solitaria, nosotros pensábamos que por lo menos estaría en un pueblo pero no, estaba en medio del campo. Ya os he comentado en alguna ocasión que soy bastante miedosa, ¡Qué miedo dormir en una casa en mitad de la nada!!!!La casita era de piedra, pequeñita, no tenia ni jardín, o sea, que estabas dentro de casa o en el campo. La casa estaba decorada con muy buen gusto, además parecía la casita colorín, sabanas, toallas y toda clase de telas de Ágata Ruiz de la Prada. Una cosa que nos llamó la atención fue que había una serie de carteles que decían cosa del tipo: “Dejen todo tal y como lo encuentren” “Hay que regar los geranios todos los días”……. En eso estábamos pensando, en pasar unos días de relax para ir a regar los geranios……
Estuvimos investigando por allí cerca, y había dos caminos, uno que te llevaba hasta otra casa rural como a unos tres kilómetros, y otro que te llevaba a la civilización, un pueblo llamado Aguilar de Campoo donde prácticamente pasamos todo el tiempo, ya que es un pueblo muy bonito de montaña con pantano incluido.
Cansados de dos días interminables, nos fuimos a la cama. Pero fue acostarnos y empezar a escuchar sobre los techos, que eran de madera, unos ruidos muy raros y continuos, como que rascaran y rascaran el techo. No sabía ni que pensar, parecía que cientos de ratas pasaran sobre nuestras cabezas. Yo me tapaba la cabeza con las sabanas de la Ágata hasta casi asfixiarme, que nochecita de verdad si lo llego a saber me quedo en Ponferrada. Al día siguiente nos levantamos y el suelo de los dormitorios estaba llenito de montoncitos de serrín, de todo lo que trabajaron esos bichos llamados termitas, ¡menos mal que no eran ratas!!! Terminé odiando la casita del colorín.
Total que volvimos a casa más cansados que cuando nos fuimos, lo que es la vida……..
0 comments:
Post a Comment